La vasija convertida en jarrón

Por Ana

Miércoles 25 de abril de 2012




Mis pasos cruzaron aquella primera puerta y me adentré en lo que parecía un jardín sin flores, sin color, sin aromas… Un otoño triste y desteñido lo cubría todo. Cerré la primera puerta, otra puerta se abría a pocos metros y desee que aquello fuera un presagio para mi tiempo venidero, porque necesitaba que volviera a mi vida el color, el aroma y la naturaleza viva…

Pasé a una antesala. Sentí que todo era bastante representativo. Hacía meses que yo permanecía en la antesala de una vida, que ya no sabía a quien pertenecía….Mis ojos no levantaban mucha altura del suelo.

Acudí a aquella cita “portando” un gran saco sobre mis espaldas. Había recogido, a duras penas, los mil pedazos de vida convertida en una vasija aniquilada, arrojada violentamente desde gran altura y cuyos trozos era incapaz de fijar.

Allí, tímidamente, abrí mi alma a golpe de lágrimas y suspiros… Allí me recibió la primera mano experta, que me agarraba con sabiduría, rescatándome del fracaso, del desamparo y de la vergüenza. 34 Testimonios Aquella mano firme, produjo en mi tal descarga, que sin darme cuenta, fui levantando la vista y mis ojos se elevaron por encima de esa media altura, que se había convertido en la “única medida” que me venía acompañando en este último pasaje de vida. En su ascenso, toparon con aquel pelo rojo. Descubrir a una mujer “que se había puesto el rojo por montera”, me revolvió conceptos guardados y olvidados sobre la libertad y el valor. Juntas empezamos un duro proceso de reconstrucción, de aquello que no guardaba ninguna forma ni figura.

Cada día mi guía de pelo rojo, convertía nuestras citas, en un taller de manualidades, donde me mostraba planos y bocetos sobre las formas adecuadas de colocar las piezas. Yo descubría los lugares exactos donde debían haber estado siempre, para componer algo mejor, incluso, que la vasija que antes fui.

Mis manos temblorosas comenzaban la labor de ir limando, alisando, ajustando y soldando todo aquello que tomaba una forma que se me hacía nueva y bella.

Han pasado algunos meses…

Recientemente ha llegado la primavera al jardín. He empezado a percibir pequeños olores.

Las piezas de mi vasija también han sufrido su metamorfosis. Se han convertido en preciosas teselas de colores alegres. Estoy aprendiendo a quererme y a respetarme, pero sobre todo a valorarme.

¡Ya voy componiendo otro recipiente!

Poco a poco voy dando vida a un apreciable jarrón, formado por esas teselas que guardan historia, experiencia, sabiduría y respeto.

Ahora entiendo que, sin la vasija rota, nunca podría estar formando este maravilloso jarrón tan genuino y auténtico.

Ver en línea : Artículo extraído de "La Boletina" Nº XXVII y XXVIII – 2008

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