Características de la salud física y mental de las usuarias de Entre Nosotras

Lunes 23 de abril de 2012, por Mujeres para la Salud




Las mujeres que atendimos en “Entre Nosotras” durante los años 2004-06 tenían unas pautas “comunes” de enfermar. Respecto a la salud mental, los trastornos de género se caracterizan por niveles bajos de autoestima y niveles altos de ansiedad y depresión. Respecto a la salud física, son habituales los malestares musculares (dolores generalizados, cansancio y trastornos del sueño) y del sistema endocrino (problemas de estómago y problemas circulatorios) entre las mujeres que padecen estos trastornos.

La Autoestima [1]

Del análisis de los datos de 2004-06 se desprendía que los trastornos de género que padecían nuestras usuarias estaban repercutiendo directamente en su autoestima. Casi la mitad de ellas tenían un nivel bajo o muy bajo de autoestima y sólo dos de cada diez tenían un nivel que se podía considerar saludable (16,8%). El resto tenían un nivel medio-bajo (35,7%).

Nivel de autoestima: Gráfico 11

Esta autoestima dañada puede explicarse porque las mujeres no interiorizamos la necesidad de autonomía e independencia. Socializadas en la dependencia hacia “el otro”, necesitamos la evaluación, la aprobación, el visto bueno de los demás para sentirnos bien. Nos autovalorarnos según nos valoran los demás. De este modo, y frente a la presión que nos generan los mandatos de género, no nos valoramos en función de nuestras habilidades personales sino de las expectativas que los demás tienen de nosotras, y que, a menudo, no se ajustan a nuestra realidad-individual y a nuestros deseos personales-individuales. En definitiva, no nos valoramos como personas individuales y autónomas sino que construimos nuestra autoestima según lo que “los otros” opinen de nosotras.

Desde la experiencia de “Entre Nosotras” los trastornos psicosociales de género afectan negativamente a la autoestima y la sitúan en niveles por debajo de lo que se considera una autoestima saludable.

Los indicadores de esta “autoestima no saludable” que en mayor medida señalaban nuestras usuarias eran: ­

- “Desearía valorarme más a mí misma”. Prácticamente todas las mujeres atendidas marcaron este indicador (92,6%). Tal vez, la socialización en un mundo discriminatorio, que nos enseña a las mujeres que somos inferiores y dependientes del varón, merma nuestra autovaloración.

­- “No estoy satisfecha conmigo misma”. Casi siete de cada diez mujeres sentían insatisfacción personal consigo misma, probablemente por no responder a las expectativas “irreales” generadas sobre un momento vital. En vez de plantearnos si estas expectativas son las nuestras y se adecuan a nuestra realidad y a nuestros deseos, las mujeres nos “culpamos” por “fracasar”. De este modo, toda la frustración recae sobre nosotras mismas cuando, en realidad, todo es consecuencia de las falsas expectativas que están anulando nuestros deseos y nuestras necesidades personales.

­- “A veces me siento verdaderamente inútil”. Seis de cada diez mujeres atendidas se sentía inútil. En general, este sentimiento nos remite al malestar por “no llegar a todo”, por no satisfacer “todas” las demandas de los demás (por abusivas que éstas sean), por no tener la “solución” a todos los conflictos”, es decir, por no conseguir alcanzar unas expectativas irracionales e inalcanzables. También el sentimiento de incapacidad nos sitúa en el mandato de la dependencia, de necesitar del otro para lograr alcanzar las expectativas. Sin el otro varón, la mujer está incompleta: si se quiere ser madre se necesita a un hombre, si se quiere educar en un buen ambiente se necesita la figura paterna, sin el “otro” estás desprotegida, si no hay deseos externos que satisfacer (del esposo y de los hijos y las hijas) se evidencia la ausencia de deseos personales, etc. Al contar sólo con este tipo de mandatos es difícil no caer en el sentimiento de incapacidad para resolver el malestar. Cuando una mujer acude a Entre Nosotras es porque quiere la “fórmula” para poder llegar a todo sin sentirse mal.

- “No tengo una actitud positiva de mí misma”. También seis de cada diez usuarias tenían una actitud poco positiva de sí mismas. La insatisfacción personal y el sentirse inútil deriva en una incapacidad para resolver el malestar. No podemos responder a las expectativas creadas, porque nuestra situación personal lo impide o porque no lo deseamos; pero no tenemos un modelo alternativo para generar unas expectativas reales. Nos sentimos perdidas y nos autoculpamos, aceptando la posición de dependencia (necesito del “otro” para resolver el conflicto) y, por tanto, de inferioridad. Evidentemente, si sentimos y pensamos así es difícil que tengamos una actitud positiva de nosotras mismas.

Tabla 8

En definitiva, la autoestima de las mujeres atendidas en “Entre Nosotras se sitúa en niveles por debajo de lo que se considera una autoestima saludable; está directamente relacionada con la baja autovalorización y, a menudo, con la insatisfacción personal, el sentimiento de inutilidad y la actitud negativa hacia una misma. Desde la metodología de género, queremos resumirlo de la siguiente manera: las mujeres nos autopercibimos según creemos que nos perciben los demás; lo que implica que nuestra autoestima es muy vulnerable y se ve seriamente dañada cuando padecemos un trastorno psicosocial de género.

En un análisis pormenorizado por trastornos de género cabe interpretar que:

­- La autoestima no saludable en la Depresión de género de mujer joven es fruto de la presión social que vive esta generación, del modelo de la mujer “perfecta y moderna”, todavía en un mundo muy sexista pero adornado de igualdad. Se crea un listón irreal que genera un alto sentimiento de insatisfacción personal y fracaso que interioriza en culpa (sentirse inútil). La imposibilidad de ser perfecta, junto con una afectividad aún muy condicionada a la aceptación de los demás, genera una frustración continua que afecta a la autoestima de estas mujeres.

­
- La autoestima no saludable en la Depresión de género de mujer mediana se genera por no disfrutar de ser una supermujer y por la incapacidad de soportar el peso de todos los roles que ha asumido. El malestar se manifiesta porque una vez alcanzadas las expectativas (se es madre, profesional, pareja, amiga, etc...), éstas no reportan la satisfacción esperada sino insatisfacción personal y agotamiento. La solución al sincretismo, es la autoculpa por no disfrutar (“si lo tengo todo, ¿por qué no soy feliz)”) que se expresa en la baja autovaloración, insatisfacción personal, fracaso personal, etc. ­

- La autoestima no saludable en la Depresión de género de mujer mayor surge cuando ya no tiene sentido el rol de madre (los hijos/as ya no la necesitan); se manifiesta entonces la ausencia de espacios personales y no se sabe hacia donde ir ni qué hacer. También, puede aparecer cuando se quiere romper con los mandatos: quiere dejar de cuidar a “los otros” pero no se sabe como verbalizarlo y se siente muy incomprendida por su entorno.

­- La autoestima no saludable en la Depresión de género de mujer sin pareja tiene su origen en la presión por no haber cumplido con los roles de mujer tradicional (la pareja estable y la creación de una familia) en aquellas mujeres que han optado por el desarrollo de grandes áreas de su autonomía (formación, buenos empleos, solvencia económica, etc.). En estas edades, se valora muy negativamente la desatención al rol tradicional y no se valoran positivamente los objetivos alcanzados en la autonomía personal. En el caso de las mujeres separadas con y sin hijos/as de este grupo, la presión de género se materializa en la insatisfacción por no tener pareja, “un buen hombre” que las complete y que de sentido a su vida.

- En ambos casos, es fácil caer en la desvaloración, la insatisfacción, la inutilidad y la actitud negativa de una misma. No existe un modelo alternativo en el que se pueda ser: feliz estando sola, feliz sin ser madre, feliz siendo madre sin esposo, etc.

­- La autoestima no saludable en el Síndrome de género de abuso es una autoestima dañada fruto del trauma vivido en la infancia. La niña abusada al convertirse en mujer ha interiorizado que tiene algo que ocultar, algo perverso que ella ha hecho. Desde esta premisa, su autoestima está muy dañada, tanto que es característico entre las mujeres que padecen este síndrome marcar el indicador: “a veces pienso que no sirvo para nada” (60%).

­- La autoestima no saludable en el Síndrome de género ruptura de pareja es consecuencia de una crisis aguda con las expectativas de vida. Si todo pasa por “depender del otro”, al no estar esa figura protectora la creencia de que se es incapaz emerge y hace que cualquier contratiempo se viva como fracaso e inutilidad. La ausencia de socialización en la individualidad nos hace sentir miedos, dudar de nosotras mismas, generando un detrimento de la autoestima. Además, es habitual que en los últimos coletazos de la relación se incrementen las situaciones de microviolencias que pretenden hacernos más vulnerables, sentirnos débiles, y más dependientes.

­- Las mujeres con Síndrome de género violencia están en un proceso de ruptura con la situación de pareja y con el maltrato. El proceso es similar al que viven las mujeres con Síndrome de género ruptura de pareja pero con mucha más intensidad; ya que el maltratador ha ido mermando “violentamente” la autoestima de la víctima durante toda la relación de pareja.

Al no haber encontrado diferencias estadísticamente significativas en el análisis de los indicadores de autoestima cuando se analizan por trastornos de género, edad, estado civil y nivel de estudios, puede decirse que pervive una socialización de género donde la mujer construye su identidad en función de “los otros” (de su reconocimiento y de la satisfacción de sus necesidades), y que impide la construcción de una identidad autónoma e independiente. Por este motivo, cuando rompemos con las expectativas vitales o no las alcanzamos, nuestra autoestima se ve seriamente dañada. En conclusión, las mujeres con trastornos psicosociales de género, atendidas en “Entre Nosotras”, tienen la autoestima dañada.

Los estados de depresión [2]

Además de la autoestima dañada, los trastornos psicosociales de género están asociados a estados de depresión. El nivel medio de depresión de las mujeres atendidas es un nivel moderado (23,8), este nivel se mantiene en todas las edades y en todos los trastornos. De cada diez mujeres cuatro se sitúan en el nivel moderado, tres en el nivel leve, dos en el nivel grave y sólo una en el nivel mínimo.

Nivel de depresión: Gráfico 12

La incidencia de la depresión refleja el malestar fruto de los trastornos de género: las expectativas no se ajustan a la realidad, esto nos genera fuertes contradicciones (sincretismo) y caemos en estados depresivos (de mayor o menor intensidad). En definitiva, las mujeres atendidas con trastornos de género presentaban niveles moderados de depresión que pueden oscilar entre leves y graves.

Los síntomas de los estados depresivos relacionados con las mujeres atendidas son, por este orden:

Tabla 9

Si analizamos estos síntomas en cada trastorno de género encontramos algunas diferencias significativas, de las cuales las más interesantes son que: ­

- El síntoma “insomnio y cuesta dormir profundamente de noche; o excesivo sueño y se duerme demasiado” está menos asociado a las usuarias con Depresión mayor y a la Depresión sin pareja. ­
- La “pérdida de interés por el sexo” tenía más incidencia en las mujeres que padecían Depresión mediana. El agotamiento de la supermujer, más el replanteamiento del rol de esposa/pareja pueden aclarar porqué está más asociado a este trastornos de género.

­- Las “dificultades para tomar decisiones sobre determinadas cosas” tiene menos peso en las mujeres atendidas con Depresión sin pareja y el Síndrome abuso. En estos trastornos, la soledad (real o afectiva) y la independencia (elegida o impuesta) obliga a tomar decisiones.

­- El síntoma “pérdida de apetito o come en exceso, compulsivamente” está asociado a las usuarias con Síndrome abuso, podemos señalar que este síndrome puede generar problemas de alimentación.

Por otro lado, estos estados depresivos están relacionados con los niveles de autoestima [3]: seis de cada diez mujeres atendidas con un nivel bajo de autoestima tenían un nivel moderado de depresión y tres un nivel grave; siendo prácticamente inexistentes los casos en los que una mujer con un nivel bajo de autoestima tuviera un nivel mínimo de depresión.

Gráfico 13

Por tanto, en “Entre Nosotras” las mujeres con trastornos psicosociales de género tienen la autoestima deteriorada y niveles considerables de depresión. Al tiempo, estos niveles están relacionados entre sí y se puede aventurar un nivel de autoestima en función del nivel de depresión (y viceversa).

La Ansiedad

Las mujeres atendidas en Entre Nosotras, por lo general, tienen niveles altos de ansiedad: de cada diez mujeres atendidas, cuatro tienen un nivel de ansiedad cercano al pánico, tres un nivel intenso, dos un nivel moderado y una un nivel leve. Prácticamente, son inexistentes los casos de mujeres con trastornos de género que no presentan cuadros de ansiedad, independientemente de su edad y su trastorno.

Cuando no logramos responder a los mandatos de género o no estamos satisfechas con ellos por la inadecuación entre realidad y expectativas (sincretismo), se desata un malestar que somatizamos a través de altos niveles de ansiedad.

Gráfico 14

Si pensamos que algo más de dos tercios de la población atendida tiene un nivel muy alto de ansiedad (intenso o cercano al pánico) y que sólo un tercio tiene un nivel moderado o leve de ansiedad, cabe concluir que en “Entre Nosotras” los niveles de ansiedad asociados a los trastornos de género son muy elevados.

Los síntomas de ansiedad relacionados con las mujeres atendidas en “Entre Nosotras”, diferenciados en sensaciones, pensamientos y síntomas físicos son:

Tabla 10

Entre nuestras usuarias hemos observado que los trastornos de género producen una situación de permanente alerta que se somatiza en tensión y estrés, nerviosismo y miedo, que a veces generan crisis inesperadas de angustia. La falta de concentración y los pensamientos acelerados y cambiantes también son característicos. Las dificultades para expresar y explicar lo que nos sucede, lo traducimos en temor a parecer tonta y a que esto genere un abandono y aislamiento. Físicamente, estas emociones y pensamientos, generan un agotamiento físico producido por los estados de alta tensión y de permanente alerta: sensación de sueño/debilidad/agotamiento, dolores de cabeza/nuca/espalda y sensación de nervios/malestar abdominal.

Así mismo, hemos podido observar como los estados de ansiedad están relacionados con los estados de depresión [4]. En la mayoría de las mujeres con un nivel moderado de depresión el nivel de ansiedad es intenso o cercano al pánico. Es decir, las mujeres con trastornos psicosociales de género, atendidas en “Entre Nosotras”, tienen altos niveles de ansiedad relacionados con los altos niveles de depresión.

Gráfico 15

Malestares Físicos

Para describir la salud física hemos analizado cuatro grupos de malestares o trastornos físicos:

­- Trastorno muscular: dolores generalizados, cansancio, hiperactividad, pérdida de memoria, trastornos del sueño, fobias, problemas respiratorios no asociados a fallo del sistema respiratorio y aumento de pulso (no asociado a problemas cardiovasculares). ­
- Trastornos en el sistema endocrino: hipertensión, problemas de estómago, problemas de alimentación, sudoración, problemas circulatorios.

­- Trastornos y cambios hormonales: trastornos menstruales, osteoporosis, fibromas y problemas de fertilidad. ­
- Trastornos inmunológicos: infecciones crónicas, alergias, catarros.

Los malestares físicos de las mujeres atendidas están muy relacionados con la tensión muscular y, aunque en menor grado, con los trastornos del sistema endocrino:

­- Tensión muscular: 9 de cada 10 mujeres que acudieron al Entre Nosotras sufrían tensión muscular expresada como dolores generalizados, cansancio y trastornos del sueño. ­
- Trastornos del sistema endocrino: 7 de cada 10 mujeres sufrían trastornos del sistema endocrinos, principalmente relacionados con los trastornos de estómago y con trastornos circulatorios. ­
- Trastornos hormonales: 4 de cada 10 mujeres tenían trastornos del sistema hormonal, normalmente menstruales. ­
- Trastornos inmunológicos: 4 de cada 10 mujeres tenían malestar relacionado con el sistema inmunológico, siendo habituales los referidos a las alergias.

Gráfico 16

Cabe destacar que la salud física de nuestras usuarias está afectada por una tensión muscular generalizada y unos trastornos de estómago que médicamente son difíciles de definir, pero con los que las mujeres parece que nos identificamos plenamente.

Este tipo de malestares físicos se relacionan directamente con el malestar mental. Se observa que si hay un aumento de depresión hay un aumento del malestar muscular, hasta tal punto, que a partir de un nivel de depresión moderado hay una probabilidad casi del 100% de tener malestar muscular. Respecto a los trastornos del sistema endocrino sucedía algo similar aunque en menor grado. A partir de un nivel leve de depresión siete de cada diez mujeres atendidas tenían este tipo de trastornos; e, incluso, la proporción era de casi ocho de cada diez mujeres con un nivel grave de depresión.

Gráfico 17 y gráfico 18

Respecto a los cuadros de ansiedad los resultados son muy similares. Entre nuestras usuarias, había una probabilidad mayor de sufrir tensión muscular y trastornos del sistema endocrino cuanto mayor era el nivel de ansiedad.

Gráfico 19 y gráfico 20

En definitiva, hemos querido mostrar con datos que el estado de salud de 472 mujeres con trastornos psicosociales de género, que fueron atendidas en “Entre Nosotras” durante los años 2004, 2005 y mitad de 2006, se definía por una autoestima poco saludable, niveles altos de depresión y ansiedad, tensión muscular (dolores generalizados, cansancio y trastornos del sueño) y trastornos del sistema endocrino (problemas de estómago y problemas circulatorios); y que, por tanto, este puede ser el primer paso para constatar que existen unos trastornos psicosociales que afectan a la salud mental y física de las mujeres, y que requieren ser tratados desde la perspectiva de género.

Tabla 11

Ver en línea : Artículo extraído de "La Boletina" Nº XXVII y XXVIII – 2008

Notas

[1] Test de Autoestima de Rosemberg. baremado en una escala de 1 a 30 puntos: Saludable (0-10), Media-Baja (16-20), Muy Baja (20-30)

[2] Test de depresión de Burns. Niveles de depresión de mínimo a máximo: Nivel mínimo o Límite (0-10), Nivel Leve (11-20), Nivel Moderado (21-30), Nivel Grave (31-45)

[3] Correlación de Pearson entre el nivel de depresión y nivel de autoestima (1-1)=0,619

[4] Correlación de Pearson entre nivel de depresión y nivel de ansiedad = 0,700

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