Mi paso por el Taller de Habilidades Sociales en "Entre Nosotras"

Por Ana María

Miércoles 25 de abril de 2012




Cuando tomé la decisión de hacer este taller, me movía el interés de corregir, ciertas “tendencias” mías a conquistar socialmente a los que me rodean, para sentirme aceptada.

Si alguien, de los entonces míos, hubiese sabido el nombre de este taller, seguramente hubiese puesto el grito en el cielo tachándome de querer rizar el rizo: “¿¡tú, un taller de habilidades sociales!”? ¡¿TU?!

La que exclamaría la frase, seguramente, tendría en mente, la cantidad de gente de la que me rodeo y la facilidad que poseo, para entablar nuevas relaciones.

No hubiesen sido capaces de percatarse del alto precio que yo pagaba, por la necesidad afectiva, que me hacía complacer, a cualquier precio, a todo el que me rodeaba y que, con tan sólo dedicarme una atención, la beneficiada, hipotecaba mi vida a un interés cero.

Una vez “autoestimada” y mucho más “auto-querida”, me dispuse a analizar el “precio emocional” (sin nombrar el físico) que yo pagaba por mis “dilataciones de generosidad” ¡Qué descubrimiento, queridas! ¡Que despliegue de “saldos” he propiciado a mis camaradas y parientes! He regalado el mil por uno, sin medida y sin reconocimiento. Lo que se da graciosamente, no se aprecia, os lo aseguro.

Y fue todo un descubrimiento este taller. La primera frase que leí de él, en la que definía su propósito, abrió todo un campo de esperanzas ante mí, y me propuse, poner toda mi intención en curar “esta dolencia de corazón mía, que me hace sucumbir ante los gestos hostiles y me aprieta el corazón, con principio de taquicardia. Y para remediar esa dolencia, me había limitado, hasta ahora, a entregar mi corazón, sin reparos, a todo ser viviente que encontraba en mi camino. Sin valorar el peligro de infarto por un exceso de ensanchamiento…

No se cómo empecé, nunca soy capaz de definir el momento del despegue. Supongo que repasaría mis códigos de bondad equivocados. Supongo que no abandoné nunca la ilusión diaria, de construir un proyecto de vida propia… Supongo que mi crecida autoestima fue el detonante, cuando maté mis culpas. Supongo que me perdoné.

No se describir el momento de iluminación, de “clic” emocional, de descarga eléctrica que me despertó conscientemente y puso en marcha mis mecanismos…

Pero pasó…. El dogma se hizo praxis.

Aún me tiemblan las piernas, cuando pongo en marcha el motor de la defensa, afecto a mi misma, valor, legitimación, libertad, elección, respeto a mi misma.

Aún me encojo cuando digo ¡esto no lo permito! O ante un “si acepto” que antes, me he cuestionado a mi primero, para concedérmelo antes de concederlo y así respetarme. Aún el estómago me salta cuando pronuncio un “no” o un “no permito que me dañes” Pero ahora el coste es productivo. Realmente es una inversión.

Soy consciente, de que nunca hubiese podido llegar aquí, sin mis otros “remedios”, sin mis otros talleres que me abrieron el alma, para dar cabida a otras enseñanzas.

Con este llegó la práctica. Con este, se materializo lo que parecía intangible. Soy consciente, de que sin aquella mano primera, que me esperaba tras el jardín, no hubiese llegado aquí. A este sentir mío.

Gracias a todas y cada una de las mujeres de “Entre Nosotras”. Gracias a la primera de vosotras, que soñó un día con este proyecto y que plantó su primera semilla en el “espacio de su ilusión”. Gracias a todas, las que regáis el jardín, aunque existan días lluviosos en que penséis que vuestro riego no es necesario… Vuestra agua tiene muchas más vitaminas. Habéis hecho que yo no mire al cielo, esperándola, sino dentro de mí, como un manantial inagotable y seguro, sustentado por mis ganas, mi valor y mis propósitos. Hoy me presento ante vosotras, como el jarrón completo y repleto. No contempléis ni una sola tesela, sin veros reflejadas en ellas. No percibáis ni un solo aroma, sin reconoceros. No dejéis de sentir mi sonrisa, sin sentir una sonrisa interior, en nombre de muchas mujeres y que contrasta con tantas lágrimas de mujer derramadas.

Hasta siempre mujeres

Ver en línea : Testimonio extraído de "La Boletina" Nº XXIX – 2009

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