Dependencias afectivas en las Relaciones de Pareja

Lunes 23 de abril de 2012 (Fecha de redacción anterior: 2010).




“Las mujeres aceptan el papel de persona sumisa para evitar el esfuerzo que supone tomar a su cargo una existencia auténtica”

Simone de Beauvoir

Es evidente que las mujeres hemos avanzado mucho en nuestro camino hacia la igualdad, nos hemos incorporado al mercado laboral, hacemos un uso más libre de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad… Pero la realidad es que aún seguimos teniendo una asignatura pendiente que tiene que ver con ese vínculo insano que establecemos con nuestra pareja y que llamamos dependencia emocional.

Cuando mencionamos este término (dependencia emocional) no nos referimos al concepto patológico que describen muchos manuales de psicología, sino a esa condición inherente a la socialización diferencial que nos dan a mujeres y hombres, que nos hace situarnos a distintos niveles en la relaciones de pareja, propiciando diferencias de poder y justificando en muchas ocasiones relaciones desequilibradas, que en su caso más extremo nos llevan a la violencia.

Si hacemos un repaso rápido de cómo se va gestando esta dependencia tendríamos que remontarnos a nuestra infancia. Cuando somos niñas/niños la necesidad de cuidado y de protección la satisfacemos a través de nuestro padre y madre, hasta aquí todo similar o igualitario. Sin embargo, a partir de una determinada edad, en torno a la adolescencia las cosas cambian y la evolución es distinta para hombres y mujeres. A las mujeres nos enseñan, que somos las responsables de adivinar y satisfacer las necesidades de los demás y de olvidarnos de las nuestras, no se nos enseña a ser independientes y asertivas sino a ser sumisas y dependientes, por lo que “aprendemos a sentir” que no somos capaces de protegernos, de hacernos cargo de nosotras mismas, acabamos creyendo que necesitamos de alguien que se haga cargo de nosotras.

Por otra parte, están las concepciones culturales de lo que significa el amor y que nos trasmiten cómo tenemos que comportarnos en una relación de pareja, esencialmente, adaptándonos a lo que es adecuado dentro de nuestro rol, por lo que ante nuestro deseo de agradar (despertar interés y conseguir la aceptación de quien nos atrae) somos capaces de perdernos a nosotras mismas (acomodándonos al deseo ajeno, priorizando los deseos de la otra parte, escondiendo lo autentico de la propia personalidad), pero tal vez lo más grave de todo este proceso es que lo tenemos completamente interiorizado y naturalizado, ni siquiera nos planteamos si hay otra forma de relacionarnos en pareja.

Parece que todas las personas tenemos un concepto muy distinto sobre lo que significa el amor, pero es curioso como en los Talleres que hacemos en la Asociación hay cierta unanimidad cuando hablamos del tema, podemos observar como las ideas que lo mantiene son similares, todo ello debido a que el sistema patriarcal determina que el amor es inherente a la condición femenina e implica fundamentalmente

- Entrega incondicional (garantía de amor).
- Completarse (encuentro de la media mitad)
- Plenitud (satisfacer las necesidades del otro/otra)

Si mi objetivo en la vida es amar y para ello tengo que completarme a través de mi pareja, tengo que entregarme totalmente y céntrame en las necesidades de mi pareja, entonces vivir con la pesada carga del amor que se exige a las mujeres, sin pedir nada a cambio, es una fuente continua de malestar. Nos venden un amor que mezcla los sentimientos de cariño, con la resignación y las renuncias personales.

Todos estos mandatos expresos de distintas formas y por distintos medios (películas, cuentos de hadas que simbolizan la vida que nos espera , las revistas, las parejas de moda que salen en el programa de turno y que casi siempre nos venden un modelo de amor insano y superficial…) nos lleva a confundir el amor con la dependencia emocional, nos han hecho entender el amor como apego, sumisión ante la pareja y no como un intercambio reciproco de afecto, porque la dependencia es lo contrario al amor.

Es habitual que a nuestra Asociación lleguen mujeres después de una separación en la que no solo han “perdido” a su pareja, sino que tienen la sensación de vacío, de haber perdido también su vida, mujeres que han sido “mal tratas” por sus parejas (no hay una violencia explicita) que se encuentran mal y no saben porque, mujeres que llevan mucho tiempo en la relación y que piensan que su seguridad depende de su pareja no de ella misma…. es decir, MUJERES que no solo están sujetas a los mandatos patriarcales que tanto daño nos hacen a todas, sino que los niveles de dependencia se han intensificado, llegando a interferir en su calidad de vida, manifestándose a través de síntomas ansioso-depresivos, es estos casos estas mujeres se caracterizan porque:

- Establecen relaciones desequilibradas, no asertivas, en las que tiene una actitud pasiva, ya que creen que si hacen lo que sus parejas quieren van a evitar el abandono, de esta forma poco a poco van perdiendo su identidad, y olvidándose de sí mi
- Han desconectado de sus deseos y necesidades, se sienten responsables de los sentimientos de los demás. Enfocan su atención hacia fuera y viven la vida a través de su pareja, necesitan su aprobación y para ello están dispuestas a renunciar a sus intereses y necesidades.
- Tienen baja autoestima, solo se sienten valiosas si las demás personas las valoran, en concreto su pareja.
- Tienen pánico a la ruptura que se manifiesta con angustia y culpa tienen tanto miedo al abandono que en ocasiones se trasforma en celos, es decir, en un intento desesperado de controlar a la persona amada.
- Exigen relaciones de exclusividad, queriendo disponer a menudo de la atención de su pareja, generando en ésta sentimientos de agobio, asfixia.
- Han aprendido a delegar “su vida” y a no hacerse cargo de sí mismas, están dispuestas a la entrega de su disposición y de su tiempo.
- Niegan su necesidad de ser autónoma y la disfrazan por la ayuda hacia su pareja.
- Vacío existencial si no se tiene pareja, por lo que se dedican a la búsqueda desesperada de una fuente de seguridad.

Parece evidente que se trata de conductas recusables para toda mujer, pero paradójicamente, estas conductas producen unos benéficos a corto plazo, que mantienen a la mujer atrapada en la relación como son: el no tener que decidir, adaptarme y no pensar en mí (es algo que sé hacer), disminuir inmediatamente mi ansiedad al no tener que enfrentarme a los conflictos, sentirme útil, pero a largo plazo, cada vez se siente menos capaz de encontrar la salida.

En resumen, esta dependencia de género nos impide crecer, experimentar, progresar, ya que gastamos nuestra energía en esperar que la otra persona satisfaga nuestras necesidades, intentamos hacerla ver nuestra verdad, la intentamos cambiar a la medida de nuestros anhelos, cuanto más dependientes seamos, mayor empeño tendremos en cambiar a la otra persona, invirtiendo nuestra vida si hiciera falta, pero como dijo alguien “Nada cambia salvo la dependencia que se intensifica”.

Cada vez más mujeres somos conscientes del rol que desempañamos en la relación y ya que somos nosotras las que hemos aprendido a asumir esta posición, está en nosotras la posibilidad de poder cambiarla, podemos camuflarnos tras la explicación de que es el sistema patriarcal en que vivimos, que son los hombres los que tiene que cambiar y otros muchos argumentos que harán que pongamos nuestro punto de mira en el lugar equivocado. Sin embargo, es más viable que nos responsabilicemos de nosotras mismas y asumamos desde este punto de vista el cambio de nuestros miedos, de nuestras quejas, de nuestras culpas…somos nosotras las únicas que podemos salvarnos y para ello tendremos que aprender a escucharnos conocernos, querernos y respetarnos, a mirar hacia adentro, ya que lo que necesitamos para ser felices esta dentro de nosotras, esto nos llevara a ser conscientes de nuestros deseos y necesidades, a hacernos responsables de nuestro bienestar, a asumir la responsabilidad de nuestras vidas, a perder el miedo a la independencia, a ser y existir en forma autónoma, ya que detrás de toda dependencia hay miedo a hacerse cargo de una misma… todo esto repercutirá de forma muy saludable en nuestra autoestima.

No se trata de renunciar a vivir en pareja, sino que independientemente del tipo de vida que elijamos, no perdamos la capacidad de cuestionarnos esos vinculas insanos que nos “pegan” a otras personas, y que internamente nos impiden desarrollarnos como seres independientes e individuales. Esto implica que superemos el conflicto entre querer ser independiente y sentirse protegida y que apostemos por nosotras mismas, ya que cuando sacrificamos nuestra vida por cubrir las necesidad de protección, de forma implícita estamos renunciando al resto de satisfacciones que conlleva tener una relación equilibrada (comunicación, respeto, compañerismo, risas...)

Somos testigas de que muchas mujeres, en el Espacio de Salud Entre Nosotras, han empezado a cuestionarse su propia dependencia insana e intentan construir nuevos modelos de relación donde se creen espacios para poder compartir sus libertades. Se trata de probar y seguir caminando, ¡un futuro más igualitario es posible!

Ver en línea : Artículo extraído de "La Boletina" Nº XXX - 2010

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