Reconocer, denunciar y detener la violencia contra las mujeres en todas sus formas

Red de Salud de las Mujeres Latinoameticanas y del Caribe

Miércoles 13 de junio de 2012




La violencia contra las mujeres es un fenómeno mundial, pero aún persiste un gran silencio social al respecto y se tiende a ubicarla dentro del ámbito privado de la vida de las personas. Sin embargo, a raíz del trabajo permanente de las organizaciones de mujeres, comenzó a ser reconocida como un grave y extendido problema de derechos humanos, en especial desde la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena, en 1993, ocasión en que se hizo visible el hecho de que tanto en el ámbito público como en el privado, las mujeres son objeto de agresiones, violencias y abusos en razón de su sexo. Y que, además, los Estados deben hacerse responsables de garantizar que sus derechos humanos sean reconocidos y promovidos, entre ellos, el derecho a vivir libres de violencia.

A raíz de ello, paulatinamente se ha ido abriendo el debate público al respecto, lo que se ha acompañado de la elaboración y puesta en vigor de numerosas leyes y normativas que abordan esta problemática, aunque en su amplia mayoría se dirigen a sancionar la violencia en el espacio intrafamiliar, lo que no hace visible la especificidad de la violencia sexista contra las mujeres. La aplicación de dichas legislaciones tampoco ha logrado los objetivos que se proponen, pues de hecho la falta de capacitación y sensibilización de los operadores de justicia es un factor que impide que las mujeres reciban protección inmediata, volviéndolas más vulnerables a nuevos ataques, a menudo con resultados fatales, lo que se ha denominado con el término de gran connotación política: femicidio/feminicidio. De hecho, la dificultad de acceso a la justicia es uno de los factores negativos que se mencionan más frecuentemente por parte de las mujeres afectadas y sus familias, lo que perpetúa la impunidad de los agresores y contribuye a reproducir la violencia en sus distintas expresiones.

Como parte de su misión y agenda feminista, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe coordina, desde el año 1996, campañas regionales de activismo destinadas a apoyar a las organizaciones de su membresía en el desarrollo de acciones locales tendientes a denunciar la violencia contra las mujeres, con énfasis específicos según la realidad de cada comunidad. Este año su llamado a la acción lleva por titulo: A los 60 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, no más violencias contra mujeres y niñas. ¡Todos sus derechos humanos ahora!, y sus objetivos son:

1. Exigir, defender y promover los derechos humanos de las mujeres y las niñas, en especial su derecho humano a vivir libres de toda expresión de violencia, abuso y discriminación, tanto en el ámbito público como en el privado.

2. Exigir un compromiso efectivo de todos los actores sociales, en especial del Estado, en la prevención, erradicación y sanción de todas las formas de violencia contra mujeres y niñas, incluyendo la violencia simbólica y toda otra que emerja de su condición genérica.

En respuesta a la convocatoria de la Red de Salud, 59 proyectos de organizaciones de 14 países de la región que forman parte de su membresía fueron apoyados con pequeños montos, los que así se agregan a muchas otras iniciativas presentadas desde 1996 a la fecha, para conmemorar el Día Internacional de la No Violencia contra Mujeres, y también el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer.

Por otra parte, la Red de Salud también se encuentra comprometida en el diseño de una campaña regional que comenzará en países escogidos en 2009, la cual se vincula con una propuesta similar desarrollada en países del continente asiático, con el nombre de “We Can Stop Violence Against Women”.

Esta campaña, que cuenta con el respaldo de Oxfam-Novib, estará destinada a desafiar activamente la persistente aceptación social de la violencia contra las mujeres, lo que se considera un paso indispensable para avanzar a la prevención y erradicación de la misma. En un primer nivel, se desarrollará con organizaciones de la Red de Salud en Bolivia, Brasil, Guatemala y Haití, países que tienen distintas particularidades y contextos socioculturales, políticos y económicos, pero que se encuentran seriamente afectados por este fenómeno. Y en un segundo nivel de actividades, con organizaciones de Chile, Nicaragua y Puerto Rico.

Violencia y salud

Tomando en cuenta la extensión mundial que ha cobrado la violencia contra las mujeres y los distintos impactos que provoca en sus vidas, varios organismos internacionales la han calificado como un grave problema de salud pública que requiere una urgente atención desde un enfoque multidisciplinario. Entre otras cosas, se ha enfatizado el rol relevante de los proveedores de salud, en términos de la detección temprana de los casos de violencia con sesgo de género cuando las mujeres acuden en busca de atención, para lo cual requieren capacitación en relación a los condicionantes de género y su rol en el surgimiento de la violencia sexista. Algo similar se requiere con policías y jueces, entre otros sectores.

En términos de sus efectos, la OMS ha señalado que la violencia basada en el género a nivel global causa más muertes y discapacidades en mujeres entre 15 y 44 que el cáncer, la malaria, los accidentes de tránsito y las guerras, siendo la salud sexual y reproductiva especialmente afectada.

Asimismo, aunque se trata de un fenómeno sobre el cual pesa gran subnotificación a raíz de la dificultad de denuncias, diversos estudios señalan que entre el 16 y el 52% de las mujeres ha sido atacada al menos una vez en la vida por su pareja, es decir, por quien se supone tiene vínculos afectivos cercanos. Se puede afirmar, entonces, que:

- Gran parte de los actos violentos contra la mujer ocurren en el hogar y son cometidos por la pareja o ex-pareja.
- La violencia contra las mujeres genera graves consecuencias en la salud y la vida de las víctimas, sea en forma inmediata o a mediano y largo plazo, lo que incluye el efecto más severo: la muerte o femicidio/feminicidio, o incluso el suicidio.
- Todas las formas de violencia contra las mujeres tienen un alto costo económico y social, es decir, los efectos no solo recaen en las mujeres agredidas, sino en sus familias, en su entorno directo, a nivel laboral y en la comunidad en general.
- La violencia contra las mujeres, en tanto trasgresión de derechos humanos, debe ser un tema de políticas públicas que exige, además, respuestas y estrategias multisectoriales.

Por otra parte, para avanzar en su erradicación, es necesario reconocer que la violencia contra las mujeres es una expresión de discriminación establecida por patrones socioculturales establecidos históricamente, discriminación que se encuentra en la base de la problemática:

La violencia contra la mujer surge, en parte, de un sistema de relaciones de género que postula que los hombres son superiores a las mujeres. La idea de la dominación masculina -incluso de las mujeres como propiedad del hombre- está presente en la mayoría de las sociedades y se refleja en sus costumbres” (Heise, Pitanguy y Germain, Violencia contra la mujer: La carga oculta de salud. Washington, D.C., OPS,1994).

¿Cómo se expresa esta dominación?

De hecho no solo a través de golpes y descalificaciones, sino en múltiples fenómenos que no siempre se identifican como una violencia o discriminación basada en el género, puesto que se aceptan como parte de la condición femenina. El desafío es hacer un ejercicio de análisis del contexto de vida de las mujeres, percibiendo que la violencia con sesgo de género está presente en fenómenos tan diversos como:

  • Abortos forzados.
  • Abortos selectivos de fetos femeninos, infanticidio de niñas.
  • Abuso sexual de niñas y adolescentes
  • Acoso u hostigamiento sexual (en el ámbito laboral, educativo, etc.)
  • Coerción para el uso de anticonceptivos (incluyendo esterilizaciones forzadas o negación de la esterilización cuando la mujer la requiere; dificultad para el retiro de ciertos métodos, como es el caso del Norplant, o negación de acceso a otros métodos como los condones, etc.)
  • Coerción para la participación en pruebas clínicas, incluso en aquellas que pueden implicar riesgos para la salud de las personas.
  • Crímenes por honor.
  • Discriminación contra adolescentes embarazadas en el sistema escolar y de salud, por ejemplo, dificultad para que permanezcan en la escuela o para que se reinserten luego de haber tenido a su hija o hijo.
  • Discriminación laboral (como la exigencia de test de embarazo para optar a trabajos o despidos por embarazo, negativa de conceder licencias maternales, negativa de ascensos o promociones).
  • Discriminación salarial.
  • Discriminación en salud (por ejemplo, seguros de salud más caros por ser mujeres).
  • Discriminación por opción sexual/ lesbofobia.
  • Femicidio/Feminicidio.
  • Imposición cultural de patrones estéticos irreales, generando inestabilidad psicológica en muchas mujeres, incluyendo trastornos alimenticios tales como anorexia y bulimia.
  • Incestos.
  • Irrespeto al consentimiento informado.
  • Maltrato y mala calidad de atención en los servicios de salud.
  • Maltrato físico, psicológico y económico a mujeres mayores.
  • Maltrato, denuncia y encarcelamiento de mujeres internadas por complicaciones del aborto y/o negativa en proveerles atención.
  • Maternidad forzada e impuesta.
  • Matrimonios tempranos y forzados
  • Menor atención a hijas mujeres desde la infancia (incluyendo nutrición de peor calidad y demora en la búsqueda de atención médica, menor tiempo de lactancia, menos posibilidades de educación, limitados estímulos para su desarrollo, etc.)
  • Mutilación genital femenina.
  • Negativa del aborto libre, seguro y legal.
  • Negativa de proveer servicios de salud. sexual y reproductiva a adolescentes, a mujeres solteras, a mujeres migrantes, a trabajadoras sexuales o a lesbianas.
  • Preferencia por los hijos varones.
  • Tráfico y explotación sexual.
  • Turismo sexual.
  • Violación sexual.
  • Violación sexual en tiempo de guerra.
  • Violencia física, sexual, psicológica y/o económica por parte de la pareja, ex pareja o familiares cercanos.
  • Violencia sexista por parte de extraños.
  • Violencia en los medios de comunicación (lenguaje ofensivo, lenguaje sexista, expresiones estereotipadas, todo lo cual favorece conductas violentas contra las mujeres).
  • Violencia en internet (pornografía, uso ofensivo del cuerpo e imagen de las mujeres, lenguaje sexista).
  • Violencia institucional o perpetrada por el Estado (represión, tortura, sexualización de las mujeres a manos de fuerzas. de seguridad o militares, violencia contra mujeres encarceladas, etc.).
  • Violencia relacionada con la dote.
  • Violencia simbólica, ejercida a través de leyes que humillan o degradan a las mujeres o que las muestran en una posición subordinada (por ejemplo, cuando los violadores o abusadores sexuales pueden quedar exentos de pena casándose u ofreciendo casarse con la mujer violada, abusada, estuprada o raptada), etc.

Por lo tanto, una mirada integral sobre la violencia contra las mujeres y las niñas debe, obligadamente, considerar las causas subyacentes de este fenómeno, pues todas estas expresiones dan cuenta de una situación histórica de discriminación que requiere ser abordada a través de profundos cambios socioculturales tendientes a instaurar una auténtica justicia de género y una cultura de respeto de los derechos humanos universales de todas y todos.

Ver en línea : Artículo extraido de "La Boletina" Nº XXVII y XXVIII-2008

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