Mujer Inmigrante: criada y prostituta por el mismo precio

Ana Vega

Jueves 10 de mayo de 2012




El domingo 25 de Febrero de 2001, el diario El País publica un reportaje de Empar Moliner, escritora y periodista, en el que cuenta su experiencia como inmigrante en Barcelona.

Para que el reportaje fuera real, la autora se crea una nueva identidad. Sólo tiene que esconder su cuerpo en una chilaba, taparse la cabeza con un pañuelo y adoptar una expresión corporal de mujer sumisa. Con eso y hablando español con dificultad se convierte en una mujer musulmana para todos los que se cruzan con ella. Y se dispone a buscar trabajo y alojamiento, dos necesidades básicas. Utiliza una revista que publica las demandas de empleo de forma gratuita. Este es el texto de su anuncio, que aparece en la sección de Servicio Doméstico: “Chica extranjera se ofrece para trabajar como interina. Económico. Malika”.

Y empieza a recibir llamadas. Un tal Carlos es el primero que responde al anuncio. Al saber que es turca, el bueno de Carlos se lleva una desilusión: hubiera preferido que fuese rusa, pero aún así, le hace una oferta de trabajo, cien mil al mes por ser su criada y por “tener una amistad como marido y mujer”. ¡Qué ideal! Después de hacer su oferta, nuestro Carlos se interesa por su aspecto, aunque es tan maduro y tan liberal que su aspecto no le parece demasiado importante, pero aún así, no puede por menos que preguntar si es gorda o delgada, si tiene buenas piernas y cuál es la talla de sujetador que usa.

Pero lo auténticamente importante para él, con toda lógica, es confirmar que ella tiene experiencia suficiente como para poder realizar su trabajo a total satisfacción. “¿Has trabajado en el servicio doméstico?” “¿Has hecho el amor alguna vez?”

En nueve días, “Malika” recibió doce llamadas, todas ellas de hombres, incluyendo un anciano de 72 años. Todos ellos, como un solo hombre, pretendían cumplir su sueño: Disponer de una criada para todo. Absolutamente para todo.Y justifican su petición muy razonablemente ya que no le están pidiendo que se prostituya, sólo que se acueste con ellos. Nada en plan industrial, “sólo conmigo”.

¿Te imaginas la que se liaría si a los hombres cuando fueran a pedir trabajo en la obra o en el campo, les exigieran como parte del trabajo que se dejaran meter cualquier cosa por cualquier sitio? ¡Y además por el mismo precio!

Parece que algunos hombres aún andan luchando por conseguir la relación ideal. Realmente persistentes, llevan con el mismo sueño desde que la historia es historia. Sueñan con tener algo así como una muñeca hinchable, con piel y carne en lugar de plástico y aire, y que además de tener una gran docilidad sexual, sepa lavar, fregar, planchar y cocinar. Y si encima es muda o no habla ni una palabra en su idioma, mejor que mejor, porque lo más importante, lo realmente fundamental, es que sea sumisa y no se pase el día tocándole las narices con reivindicaciones de derechos. Porque ¿qué más puede desear una mujer que servir y complacer a un hombre? ¿Acaso no están en este mundo para eso?

Así que ahora la terrible situación de las mujeres que vienen a nuestro país buscando una forma de sobrevivir, dispuestas a hacer cualquier tipo de trabajo para poder enviar dinero a su familia, o simplemente para poder vivir con una mínima dignidad, ofrece a estos hombres, (que merecerían ocupar la mejor caverna disponible), un nuevo camino para llegar a cumplir su sueño eterno: disponer de una esclava sólo mientras así lo deseen. El día que ya no disfruten con su cuerpo, que pierde interés con la rutina, o que encuentren a otra inmigrante más maciza, con un cuerpo más joven y prieto, pues simplemente la pueden echar de su caverna y empezar de nuevo. Sin quebraderos de cabeza. Como debe ser.

Ver en línea : Artículo extraido de "La Boletina" Nº XX - 2001

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