La violencia psicológica de género

Lunes 7 de mayo de 2012, por Pilar Pascual Pastor




.... Mi análisis feminista de toda violencia concluye que el sexismo es la real motivación del sufrimiento humano. Los hombres luchan contra otros hombres para probar que no son “sumisos” como mujeres. Las mujeres muestran sus rostros pasivos al mundo mientras luchan por mantener su vida sin que los hombres sepan lo duro que resulta. Los hombres golpean a las mujeres para sostenerse en lo más alto del montón. Las jóvenes y los muchachos aprenden las expectativas de sus respectivos papeles sexuales a través de una temprana socialización. A menos que alcancemos unas igualitarias relaciones entre hombres y mujeres, las mujeres continuarán siendo víctimas de toda clase de agresiones. Leonore Walker

Cuando hablamos de maltrato a las mujeres dentro del ámbito de la pareja, o lo que recientemente se conoce con el término de violencia de género, todos y todas tendemos a pensar en la violencia física. Sin embargo, es muy difícil que una relación de pareja se construya desde el comienzo sobre las agresiones físicas, primero hay que “preparar el terreno”.

Antes de la violencia de física, se producen una serie de comportamientos interactivos dentro de la pareja, que son muy difíciles de percibir como violencias, pero que son la esencia de la misma, su “caldo de cultivo”. Nos referimos a las microviolencias o micromachismos. Este tipo de comportamientos intentan mantener el dominio y la supuesta superioridad del hombre sobre la mujer, se resisten al desarrollo de la autonomía de la mujer, al aumento de su poder personal o interpersonal. Estos comportamientos van, desde mantener los roles de género en el hogar totalmente delimitados, con independencia de que la mujer trabaje fuera del hogar; a no tener en cuenta las opiniones de ella en temas familiares; a controlar el dinero; a culpar a la mujer por todo lo que ocurre dentro de ámbito familiar; a hacerla dudar de sus capacidades; hasta las descalificaciones, insultos, o faltas de respeto, etc... Al conjunto de todas estos comportamientos se les denomina maltrato o violencia psicológica, y siempre preceden al maltrato o violencia física, sólo cuando el primera deja de funcionar se pone en marcha la segunda, se suma a la primera. Someter a una mujer, día tras día, a la violencia psicológica consigue provocar en ella inhibición, desconfianza en sí misma, y disminución de su autoestima, además de sentimientos de desvalimiento, confusión, culpa y dudas.

En este artículo queremos reflexionar sobre qué predispone a una mujer a llegar a ser víctima de violencia por parte de su pareja o mejor dicho que aspectos son los responsables dentro de la personalidad de una mujer que la hacen no detectar las primeras formas de violencia. Nuestro objetivo es concienciar a las mujeres, de que somos capaces de cambiar y aprender a tener y reivindicar relaciones de buen trato, primero con nosotras mismas y después con los demás, y así poder desechar el maltrato, nada más percibirlo.

Existen dos áreas intrínsecamente relacionadas dentro de la personalidad humana que han de desarrollarse convenientemente para conseguir que la persona adulta obtenga el grado de bienestar necesario para vivir de forma satisfactoria. Nos referimos al área de la autonomía e independencia personal y dentro del área de las relaciones sociales a la expresión de la asertividad.

En general, las mujeres somos educadas para ser dependientes y para ser socialmente sumisas, es decir para tener en cuenta las necesidades de los otros antes que las nuestras. Todavía en la actualidad una mujer independiente y que sabe defender sus derechos personales es tachada de egoísta, masculina, poco femenina, marimacho, o histérica, etc.

Si el objetivo primordial de una educación sana es que la persona cuando llegue a la edad adulta sea y se sienta autónoma e independiente es imprescindible que a lo largo de su desarrollo adquiera una serie de capacidades y habilidades. Al mismo tiempo, ha de tener las oportunidades necesarias para ejercitarlas a través de la práctica cotidiana y pueda adquirir la confianza y seguridad en si misma necesarias para afrontar de forma saludable el reto de la vida. Es decir, confianza, autoconocimiento y seguridad, en este orden, son términos necesarios para conseguir la autonomía personal.

A continuación, vamos a concretar cómo se relacionan estos tres términos en el caso de la educación de una mujer, y como los efectos negativos se multiplican en cadena:

Cuando una persona se enfrenta a situaciones novedosas, se prueba y adquiere confianza en sus posibilidades, lo que hace que se sienta segura, y se anime a seguir probando. Todavía en la actualidad se sigue animando más a los niños a desarrollarse fuera de casa (deportes, actividades extra-escolares, etc.) que a las niñas. Los espacios de aprendizaje de un gran número de las capacidades madurativas se siguen limitando al ámbito familiar, en el caso de las niñas.

Para que una persona se conozca tiene que probar y desarrollar las capacidades que tienen que ver con sus propios intereses, no con los intereses de los otros (experiencias que sólo son beneficiosas para esa persona). En el caso de las niñas, se siguen reforzando por su género comportamientos de cuidado y atención de los demás, comportamientos que tienen un beneficio engañoso, puesto que no producen un beneficio individual que responda a intereses personales, sino que son los otros los beneficiarios.

El ser humano ha de sentirse competente, es decir tiene que saber para qué vale y como hacerlo de la mejor forma. Una mujer se especializa en tareas que satisfacen a los otros, aprende a sentirse bien siendo competente en las mismas.

Hasta ahora vemos como las mujeres se especializan y se siente bien, cuando realizan tareas para los otros, pero hay una característica intrínseca a este tipo de tareas que también genera consecuencias muy negativas, y es que su valoración siempre es externa. Es decir, se sabe si algo está bien o mal hecho, sólo cuando el/la otro/a lo valora, lo aprueba o lo rechaza. Se puede observar, como en la mayoría de las mujeres la habilidad de la autoevaluación está gravemente distorsionada. En general, existe una tendencia hacia la infravaloración (negar o minimizar las virtudes o aspectos positivos) y sobrevaloración de los aspectos negativos. Aprenden a anteponer los intereses de los demás a los propios, a exigirse más a sí mismas que a los demás, a infravalorarse porque realmente el espacio público es el importante, por eso se valoran más las opiniones de los demás que las suyas propias (necesidad de aprobación y aceptación constante).

Si las mujeres no son objetivas en la valoración de sus capacidades (tienden a convencerse de que no son capaces) pueden aprender a desarrollar comportamientos no adaptativos (por ejemplo, conductas de evitación) por miedo al fracaso y por ende miedo al éxito. Es decir, otra de las capacidades que se ve dañada es la de autorrealización.

Los argumentos anteriores se convierten en la base de la mayoría de las creencias irracionales más generalizadas en las mujeres:

  • "Es espantoso ser rechazada, abandona o estar sola; necesito amor y aprobación para sentirme bien conmigo misma”.
  • La mujer es la responsable de las relaciones con los otros/as, y por extensión la responsable de la unidad familiar, los hombres no saben.

En este último caso, podemos observar cómo bajo una falsa premisa (la responsabilidad de las relaciones humanas es siempre compartida) se van desarrollando una serie de falsas creencias acerca de las relaciones interpersonales y al mismo tiempo una serie de comportamientos no adaptativos, incluso peligrosos (sumisión extrema), para sentirse capaz de satisfacer una de las necesidades humanas más esenciales (la necesidad de comunicación, de expresión de emociones y de dar y recibir afecto). Así nos encontramos con demasiadas mujeres que establecen relaciones interpersonales asimétricas, en las que ellas no son capaces de defender sus derechos personales, a veces, incluso los más elementales.

La educación debería ser compensadora de las carencias: si una mujer puede estar expuesta a más riesgos ¿porque no se las enseña a defenderse, a saber detectar y manejar esas situaciones? Por el contrario, se las enseña a ser inseguras y temerosas, a limitar sus libertades. Las mujeres interiorizan que pueden ser dañadas, que pueden ser agredidas, que valen menos y que han de ser buenas. Por lo que aprenden a inhibir la cólera y manifiestan fácilmente el miedo (“cuidado con salir sola”, “a ver cómo vas vestida”) y la tristeza que se expresa como queja o estado depresivo. Por el contrario los hombres, desde los mandatos sociales, aprenden a expresar la cólera, como forma de dominación, y a inhibir la tristeza y el miedo (Sanz, F. 2004)

Las mujeres no pueden provocar conflictos tienen que perseguir siempre la armonía en las relaciones, o lo que es lo mismo “la mejor forma de evitar un conflicto es evitando que suceda”.

¿Cómo se hace esto?: aprendiendo a autocontrolar las emociones de ira, enfado, agresividad y por supuesto asertividad. Todas estas emociones son inaceptables en el rol de mujer. La mejor forma de autocontrolar estas emociones es aprender a temerlas (mensaje repetido hasta la saciedad, “domínate, no te descontroles”). Es muy revelador escuchar la frase “a mí me asustan los conflictos, me siento fatal, yo los evito”. Cuando se evitan los conflictos por temor de forma sistemática, en el fondo se están perdiendo oportunidades para defender los derechos personales y, por el contrario, se van ejercitando cada vez más comportamientos de sumisión.

Las mujeres aprenden a sentir temor de sus propios impulsos internos, los considera inaceptables porque no encajan en el rol femenino. Las mujeres aprenden a generalizar y evitar los impulsos agresivos, asertivos, de autorrealización y de ambición (autoexaltación y autoreconocimiento), todos ellos importantísimos para alcanzar el bienestar personal.

El resultado es que las mujeres se especializan en el conocimiento de un mundo emocional sesgado (emociones de género) basado en el miedo y la represión de la cólera, y confunden la identificación de sus propias necesidades e intereses, y cómo satisfacerles.

Existe otro aspecto muy significativo que caracteriza el patrón cognitivo de la mayoría de las mujeres, y que por supuesto es una consecuencia más de lo descrito hasta este momento. Me refiero a la idea del amor y del lugar que debe ocupar este en la vida de una mujer.

¿Conoces alguna mujer que no esté o haya estado preocupada por tener o no tener pareja?. Parece mentira pero la idea de amor romántico que nos transmitieron en los cuentos infantiles es la que seguimos persiguiendo. La existencia de un hombre maravilloso que nos va a cuidar, respetar y querer hasta el infinito. En ocasiones esta creencia es la que después nos mantiene en situaciones límite, mantenida por fantasías del tipo “él cambiará”, “algún día todo será distinto y seremos una pareja feliz”,....

La mayoría de las mujeres se sienten incompletas si no cuentan con una pareja, creen que han fallado en lo más importante de la vida, pudiendo extender este malestar a otras áreas de su persona en las que tienen sí tienen éxito (profesional, de relación, intelectual, etc...) y conseguir sentirse mal psicológicamente, invadiendo el resto de los espacios.

Es significativa la cantidad de creencias irracionales que existen sobre el significado de tener un “hombre al lado”; que se sustentan en la supuesta inferioridad de las mujeres. Veamos algunos ejemplos:

  • “Una mujer tiene que aguantar y tener paciencia porque una mujer no es bueno que esté sola”.
  • “Cómo va a salir sola, con sus hijos, sin un hombre que le ayude”
  • “A dónde voy yo, sola, no puedo”
  • “No valgo nada, nadie me querrá como él”, “Nadie más me aguantaría”
  • “Soy incapaz de estar sola, necesito un hombre a mi lado”
  • “No soy feliz sin un hombre a mi lado o para ser feliz necesito un hombre a mi lado”
  • “Soy una fracasada, no he sido capaz de mantener un hombre a mi lado”, “he fallado en lo más elemental, no valgo nada”

Nuestra experiencia profesional nos dice que demasiadas veces las mujeres forman parejas sin darse tiempo suficiente para conocer a sus elegidos/as, valoran más el tener una persona a su lado y lo que esto significa socialmente, que realmente conocer los valores, actitudes y comportamientos de sus futuros compañeros/as. Otro dato muy significativo es que más del 90% de los motivos de consulta que recibimos en nuestro centro son malestares relacionados con la pareja, incluyendo la violencia de género, en cualquiera de sus manifestaciones.

Ver en línea : Artículo extraido de "La Boletina" Nº XXIII - 2004

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